Veintinueve - Las Crónicas de Dorian - Los Secretos de Dorian | Revista LSDD

Veintinueve

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Veintinueve.
Las Crónicas de Dorian: Un espacio para dejar volar la Imaginación…

Tic tic, tic, tic — sonó el despertador — Abrió los ojos y un número le vino a la mente “28”.
Tenía un largo camino antes de poder pronunciar aquél número, que ahora parecía tan lejano. Se levantó un tanto perezosa, llegó al espejo y se encontró hermosa.

— ¡Es una pena! — pensó mientras se desvestía para tomar una ducha caliente. Al salir se enredó en la bata de baño y se preparó un café bien cargado, dormir solo un par de horas la ponía de mal humor.

— Si tan sólo pudiera dormir dos horas más, sería genial. — Ese deseo le cruzaba a diario por la mente, sin llegar jamás a realizarlo. Pues para lograr el número 28 no podía concedérselo. Era un lujo no hacerse notar, o más bien no encajar, y mucho menos ahora que habían pasado unos meses y sólo tendría que esperar a que hubiese una nueva vacante disponible, y que alguien la aceptara de esa forma. Ya no sería la nueva, más bien sería agua pasada.

Era mucha la presión que sentía, entre el trabajo y la sociedad, no estaba como para agobiarse más saltándose las reglas no escritas que implanta la sociedad actual. Cambiando dos horas de sueño por el 28.

Caminó hasta su guardarropa y sacó el perchero con el outfit perfectamente combinado para el presente día, lo llevó cerca de su tocador, para ver si se inspiraba para su próximo par de horas el cual había comenzado unos minutos atrás cuando se duchó. Ahora comenzaba el camino. Debía secar su cabello y alisarlo, se acercaba la parte más difícil.

Llegado el punto, comenzó por la limpieza del rostro, el cual debía cuidar, hidratar, proteger del sol, poner base, corrector y polvo sellador, para luego proseguir a sus ojos.

— Es sencillamente extenuante — suspiró — luego de tantas horas frente al espejo practicando, luego de tantos videos de “YouTube” en busca de tips para mejorar o perfeccionar la técnica, y ahora, ahora que lo había aprendido a hacer, le había dejado un gusto amargo, una especie de soga al cuello cada vez más apretada.

Recordaba los primeros días de trabajo, esos que vienen luego de que terminas tus estudios y comienzas a trabajar, sencillamente fueron terribles, ser la nueva y la última nunca es agradable, y si encima te llaman «la rara» pues eso termina de ponerte una diana en la frente, así que en busca de una solución desesperada, encontró que una de sus compañeras tenía un canal en YouTube donde enseñaba cosas que… ”Toda mujer debe saber” o…”tips súper fáciles para delinear tus ojos en 1 minuto”, pero que en realidad y para ti, se terminaban convirtiendo en unos 20, para lograr que te quedara perfecto, entonces tal vez y con suerte si despertabas con buen pulso podrías terminar en sólo 10.

Colocó el espejo más pequeño al lado del tocador, llevándolo al reverso por la parte de más aumento. — Se está acabando la máscara fijadora de cejas, debo comprar cuanto antes, este “Paso” es muy importante, no me lo debo saltar — murmuró al sostener el frasco entre sus manos y notar que casi no pesaba como había sucedido hacía un mes atrás — es que he practicado demasiado — pensó— y continuó su rutina con un máximo cuidado para no estropear lo que ya había terminado, soltando la “Pre-Base” y tomando la “Base” para cejas, aplicándola. Luego se las delineó con el lápiz, puso “Sombra de Cejas” y por último una “Máscara Fijadora”.

— ¡Ufff! — Exclamó — Llegado a este punto necesito otro café, así dejo que pasen unos minutos a que todos los productos puestos en mi cara terminen de secar. — Se deslizó hasta la cocina y se sirvió su segunda taza de café. — Mi segundo café del día, qué delicia — pensó mientras saboreaba. Pero más que saborear, lo necesitaba. Necesitaba fuerzas y energías para continuar en pie, este era su segundo café, pero tomaría unos cuantos más antes de que anocheciera.

Aún sosteniendo el café en la mano izquierda, divisó desde lejos su próximo paso, y sin pensarlo mucho, fue a su encuentro, como quien quiere salir de un saludo indeseable pero inevitable. Aplicó “Base de Sombra de Ojos”, priorizando la esquina interna, y otra “Sombra de Ojo” en los pliegues acentuando la esquina exterior, combinándolas ligeramente con su vestuario del día, combinación ya pre-diseñada para ocasiones especiales, horarios, eventos de trabajo y demás, que estaban en YouTube.

Respiró profundo, y tomando una bocanada grande de aire, la sostuvo para poder delinear sus ojos sin percances, no quería verse en el apuro en el que se encontró el día anterior, que sin verse y casi sin aliento, intentó respirar, provocando que su delineado fuera imperfecto y desordenado, logrando dejarlo totalmente diferente al del otro parpado, casi obligándola a retroceder unos cuantos pasos.

Casi terminaba, luego del “Rizador de Pestañas” pondría la “Máscara para Pestañas” y seguiría para el próximo segmento. Ya había terminado lo más difícil, lo próximo, aunque aún quedaban muchos pasos, la hacían sentir más aliviada — ¿Qué hay de nuevo en las redes? — Se animó al tomar su celular en las manos — ¡Mmm, nueva foto de Ihan! ¡Es tan guapo! Que foto tan preciosa ha puesto, si te acabas de despertar así, quiero dormirme a tu lado cada día de la semana — pensó mientras se deleitaba con la foto que tenía delante, donde Ihan se veía desayunando junto a su hermano, con el título de: “Sonríe, hoy es un día excelente para estar orgulloso de quien eres.”

Al leer aquéllo realmente sonrió sintiéndose descubierta y expuesta — Es una pena que se hayan enfriado las cosas entre nosotros — pensó mientras se ensombrecía su rostro — Imaginé que pasaría algo entre nosotros, nuestras miradas no creo que estuvieran confundidas, cuando al intentar encontrarnos, recorrían la sala de reuniones una y otra vez. Debes continuar, no te retrases ahora — recapacitó soltando el celular encima del tocador, volviendo a su rutina diaria — Como siempre debo poner base, todo hoy día lleva una base — analizó un tanto perpleja, al instante se percató que se le había agotado las que tenía en uso y apresurándose abrió una pequeña gaveta del tocador, donde tenía algunos productos de repuesto, tomó la nueva base que venía en una envoltura de regalo, con una pequeña etiqueta dedicada, donde se podía leer “bienvenida al club” — ¡Oh!… ahora lo entiendo, el club de las malhumoradas, así es como están todas mis compañeras y amigas del trabajo, malhumoradas por no poder descansar, sacrificando su sueño por esta rutina tediosa e interminable, que lo único que hace es añadir un paso más cada mes — replicó en voz alta, como si las tuviera a todas delante. Luego de poner la base que tan amigablemente le había regalado Brenda, la chica que tenía el canal en YouTube, aquélla que la había introducido en este mundo, afirmando que necesitaba algunos «arreglitos». Prosiguió con el “lápiz labial” y luego con la “barra de labios” aplicando “corrector” y por último “polvo sellador”.

Necesitaba su cuarto café, que era más o menos la cantidad alcanzada desde que se levantaba tan temprano, y por increíble que pareciese llegar a su trabajo sólo le tomaba 15 minutos.

Esta vez llenó la taza lo más que pudo, prometiéndose que sería la última, al menos hasta el medio día, en su hora libre — ¡Libre! — se detuvo y pensó en aquélla palabra, que de repente había perdido todo su significado — ¡Ya no es mi hora libre! – recapacitó — Lo fue una vez hace algún tiempo atrás, cuando quedaba con Ihan, y entre risas y cuentos creí que me estaba enamorando, y me dejaba seducir por sus pequeños encantos, el sencillo encanto de sentir su mano en mi cintura cuando bajábamos algún escalón, llegó a ser una fuente de alegría, y aún más cuando sin ninguna necesidad me atraía hacia él, casi logrando como por accidente que nuestros labios coincidieran, para luego soltar la sonrisa más sensual que he visto, con sólo ese gesto hacía volar mis deseos de ser consentida y amada.

Pero desde que formaba parte de aquel “Club” al que un buen día empezó a pertenecer, sin apenas notarlo, algo la empezó a alejar de él y de ella misma, quizás fue él quien se alejó o quizás fueron los dos, no lo recordaba o quizás no lo sabía, lo que sí sabía era que luego de aquel encuentro casual entre Ihan y ella, habían caminado juntos, habían terminado frente al lago, donde sin esperarlo, mas sí desearlo, la tomó de forma repentina por sus manos y acercándola a él, besó sus labios con el beso más sensual que había recibido antes, mientras sus manos rodeaban su cintura podía sentir aquél beso ardiente y apasionado, demostrándole cómo algo tan sencillo podía despertar las pasiones enterradas en lo profundo de su feminidad, que gritaban a cuatro voces deseando que aquéllo fuera a más. Ese fue el último día libre que recordaba, luego de eso todo se había helado entre ellos, como lo hace una tormenta de nieve que llega sin avisar, dejando todo congelado a su paso. No sabía cuándo ni por qué había decidido ceder a las presiones de la sociedad, a las críticas y al qué dirán, apartándola cada día más y más a lo que la hacía sentir bien. Aquél último pensamiento la entristeció. — Sentirme bien…— murmuró.

— ¿Qué me hace sentir bien? — Se preguntó de forma silenciosa — Mirarme en un espejo y reconocerme, disfrutar de las cosas pequeñas de la vida, y sencillas que no me roben mi tiempo y mi descanso a menos que así lo desee, ser parte de lo que amo y en lo que creo! Uff qué intensa me acabo de poner — sonrió soltando una carcajada, más el final de aquélla revelaba una verdad que la atropellaba y paralizaba, aflorando sus miedos y complejos.

Se levantó sintiéndose un tanto aturdida por todo lo que acababa de pasar por su mente, y también, tratar de recordar los pasos que iba siguiendo y el orden de ellos, aún más con aquéllos recuerdos que afloraron sin avisar de sus pensamientos, esos que creía haber abandonado para siempre. Al dar unos pasos observó algo que pasaba casi desapercibido en el suelo, y recogió de este la envoltura de regalo de la “base” que le regaló Brenda, llevaba impresa una frase: “No tomes una decisión permanente por una emoción temporal”.

Regresó al tocador leyendo una y otra vez aquéllas palabras, y como de si un robot se tratara tomó el “bronceador” para luego poner un poco de “rubor” en sus pómulos, y atrapando entre sus dedos el “iluminador” colocó mucho en ciertos puntos de su rostro.

— ¡Ya está! He terminado — pronunció en alta voz — llegué al número 28, al menos por hoy.

28 pasos para ser aceptada en su día a día, 28 pasos que hacían que ni ella misma se reconociera, cediendo una y otra vez, en cada paso que había seguido se había alejado más y más de quien realmente quería ser.

Al terminar se quedó mirando el reflejo que le devolvía el espejo como si fuera una estatua viviente que no siente — ¿qué estoy haciendo? Esto no es para mí, no me gusta, no lo disfruto, no soy yo, me hace infeliz. ¿Entonces qué gano? Nada, no gano nada, sólo sentirme esclavizada de algo que me quita la vida. De forma repentina se levantó, y en pocos pasos se encontraba frente al espejo del lavado — ¿Y… si agrego un paso más a mi rutina? — dijo mientras sonreía de forma pícara, y doblando un poco la cintura hacia delante, abrió la llave del agua y comenzó a echarse mucha agua por todo el rostro, tomó un poco de gel y comenzó a frotar, mientras de su rostro caía todo su engaño, toda la máscara y falsedad a la que se había entregado, un líquido de color marrón caía en el blanco perla del lavamanos, mientras sus cejas anchas y perfiladas desaparecían, dejando al descubierto una cejas poco pobladas, y menos perfectas que hacían juego con sus labios no tan carnosos como hacía un instante, pero de los que se asomaba una pequeña sonrisa. Sus largas y duras pestañas se esfumaron, junto al rosa artificial de sus mejillas, que la había hecho lucir todo el tiempo sonrojada. Tomó una toalla entre sus manos camino hacia el tocador y se miró al espejo una vez más, tomó del sillón la ropa predeterminada para el día y la tiró en un cesto cercano, fue a su clóset y sacó unos jeans un tanto desteñidos con una camisa que le encantaba, la deslizó por su cuerpo y de forma inmediata se sentó en el tocador, abrió la gaveta donde guardaba las “cosas de repuesto” y como loca empezó a sacar todo de dentro — ahí está – pronunció, y a la vez que sonreía tomó entre sus manos un labial con algunos años de rueda, un labial clásico de barra, no era “gloss” ni de colección, ni permanente, ni con brillos, ni mate, deslizó lo que quedaba en el fondo de la barra y con la ayuda de su dedo puso un poco de color en sus labios — “Paso número 29” ¡Solo labios carmesí!

Veintinueve.
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Miss Sibyl

Miss Sibyl: Escritora y Novelista en Los Secretos de Dorian. Autora de los cuentos y relatos de Las Crónicas de Dorian: Un Espacio para dejar volar tu Imaginación.